Casi todas las familias cubanas tienen a alguien fuera. En Estados Unidos viven hoy unos 2,9 millones de personas de origen cubano. El propio régimen calcula que más de tres millones de cubanos viven en el exterior.
Esta es la historia de cómo se fueron, ola tras ola, y de por qué se siguen yendo. Los testimonios de cada época están en Sesenta años huyendo.
Antes de 1959: un goteo
Los cubanos no empezaron a irse con la Revolución. En los años cincuenta, con Batista en el poder, ya salían miles cada año. En 1956, por ejemplo, unos 15 000 cubanos recibieron la residencia en Estados Unidos, más del doble que en 1959.
Pero aquello era un goteo. Lo que vino después fue otra cosa.
1959–1962: los primeros exiliados y Pedro Pan
En la década de 1960 llegaron a Estados Unidos un cuarto de millón de cubanos.
Entre ellos iban niños solos. Entre 1960 y 1962, más de 14 000 menores salieron sin sus padres en la Operación Pedro Pan, organizada por la Iglesia católica de Miami. Los padres temían, entre otras cosas, que el Estado adoctrinara a sus hijos. Muchos tardaron años en volver a ver a sus padres; algunos no los vieron nunca más.
La operación terminó con la Crisis de Octubre: desde octubre de 1962 se cortaron todos los vuelos entre los dos países.
1965–1973: Camarioca y los Vuelos de la Libertad
El 28 de septiembre de 1965, Fidel Castro anunció que quien quisiera irse a Estados Unidos podría hacerlo, y que los exiliados podían venir a buscar a sus familiares al puerto de Camarioca a partir del 10 de octubre. Cientos de barcos salieron de Florida.
Después los dos países pactaron un puente aéreo. Desde el 1 de diciembre de 1965, los vuelos llevaban de Varadero a Miami unas 4 000 personas al mes. Duraron hasta abril de 1973. En total, salieron 260 737 personas.
Quien se iba perdía la casa. Una pasajera del primer vuelo, que entonces tenía trece años, contó que un policía preparó un sello para la puerta y les dijo que sacaran lo que pudieran «en lo que el pegamento se secaba».
En 1966, en medio de esa ola, Estados Unidos aprobó la Ley de Ajuste Cubano. Permite a un cubano pedir la residencia después de un año en el país. Es verdad que es un privilegio que casi nadie más tiene, y el régimen tiene razón en que facilita quedarse. Pero la ley llegó después de Pedro Pan y de Camarioca, no antes.
1980: el Mariel
En abril de 1980, después de que una guagua entrara a la fuerza en la embajada de Perú y el régimen retirara la guardia, 10 856 personas se metieron en sus jardines pidiendo salir.
El régimen abrió el puerto del Mariel. Ese año llegaron a Florida unos 125 000 cubanos.
Los que se iban sufrieron actos de repudio: insultos, huevos y golpes delante de sus casas. El 1 de mayo, en la Plaza, Fidel Castro habló de «la escoria que se alojó en la embajada de Perú». La palabra se quedó.
1994: el «13 de Marzo» y los balseros
La madrugada del 13 de julio de 1994, un viejo remolcador, el «13 de Marzo», salió del puerto de La Habana con familias enteras. Barcos del Estado lo embistieron y lo barrieron con chorros de agua hasta hundirlo. Murieron 41 personas, diez de ellas menores. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que el Estado cubano violó el derecho a la vida y que no hubo investigación judicial.
Un mes después, el mar se llenó de balsas. Un sobreviviente del remolcador volvió a salir, esta vez con su hijo de siete años. Contó que se corrió la voz «que la policía no se estaba metiendo, que las costas no estaban vigiladas».
El 19 de agosto, Estados Unidos dejó de recibir a los balseros. Unos 33 000 cubanos fueron recogidos en el mar y llevados a la base de Guantánamo, donde muchos esperaron meses.
El 9 de septiembre, los dos países firmaron un acuerdo. Estados Unidos daría al menos 20 000 visados al año y el régimen se comprometía a impedir las salidas en balsa.
1995–2017: pies secos, pies mojados
En mayo de 1995 llegó otro acuerdo: los cubanos interceptados en el mar serían devueltos a Cuba. Nació así la política que todos conocieron como «pies secos, pies mojados»: el que tocaba tierra en Estados Unidos se quedaba; el que agarraban en el agua, volvía.
Durante veinte años, la gente buscó tocar tierra como fuera: en lancha, en balsa o cruzando por México.
En Cuba también cambiaron cosas. El 14 de enero de 2013, el régimen eliminó el permiso de salida, la llamada «tarjeta blanca». Hasta entonces, un cubano necesitaba autorización del Estado para viajar.
El 12 de enero de 2017, Barack Obama acabó con «pies secos, pies mojados» de un día para otro. El régimen aceptó recibir a los devueltos.
Ese mismo año, Estados Unidos recortó casi todos los servicios de su embajada en La Habana tras los problemas de salud de su personal. Para pedir un visado de inmigrante, los cubanos tenían que viajar a Colombia y después a Guyana, algo que muchos no podían pagar. Con la vía legal más estrecha, creció la ilegal.
2006–2026: los médicos que no vuelven
Las misiones médicas son otra puerta de salida. Desde agosto de 2006 hasta enero de 2017, Estados Unidos tuvo un programa para dar entrada a los profesionales de la salud cubanos que dejaban su misión en otro país. Solo en el año fiscal 2016 lo pidieron 3 907 personas, y a 86 de cada 100 las aceptaron.
El régimen los llama desertores. Quien abandona una misión puede quedarse ocho años sin poder volver a Cuba, ni siquiera para ver a su familia.
Mientras tanto, en Cuba quedan cada vez menos médicos. Eran 106 131 en 2021 y 75 364 en 2024, según las cifras oficiales. No todos se fueron del país, pero la caída es de casi uno de cada tres.
En 2026, con Washington presionando para cortar esos ingresos al régimen, varios países cerraron las misiones. Honduras dejó vencer su convenio en febrero. Guatemala no renovó los contratos y empezó a devolver a los 412 integrantes de la brigada; el régimen lo atribuye a presiones de Estados Unidos. La historia completa está en las misiones médicas.
2021–2024: «ir a ver los volcanes»
En noviembre de 2021, meses después de las protestas del 11 de julio, Nicaragua dejó de pedir visado a los cubanos. En el mes siguiente llegaron allí 6 178 cubanos.
En Cuba se empezó a decir que alguien se iba «a ver los volcanes». Era un vuelo a Managua y después miles de kilómetros por Centroamérica y México hasta la frontera de Estados Unidos, en manos de coyotes. Una pareja contó a EFE que el viaje les iba a costar unos 23 000 dólares. Muchos vendieron la casa para pagarlo.
Fue la mayor salida de la historia de Cuba. La patrulla fronteriza de Estados Unidos registró 224 607 encuentros con cubanos en el año fiscal 2022, 200 287 en 2023 y 217 615 en 2024. Son encuentros, no personas: alguien puede contar dos veces. Aun así, la cifra supera con creces al Mariel y a los balseros juntos.
2023–2025: el parole y su final
En enero de 2023, Estados Unidos abrió dos vías legales. El 4 de enero, su embajada en La Habana volvió a tramitar todos los visados de inmigrante. El 6 de enero empezó el parole humanitario: un familiar o amigo en Estados Unidos podía patrocinar la entrada de un cubano por avión.
Por esa vía entraron 110 240 cubanos hasta finales de 2024.
Con el regreso de Donald Trump, la puerta se cerró. El 25 de marzo de 2025, su administración publicó el fin del programa y canceló los permisos que no hubieran vencido antes del 24 de abril. El 30 de mayo, el Tribunal Supremo permitió aplicar la medida mientras siguen los juicios.
El 4 de junio de 2025, una proclamación presidencial suspendió para los cubanos los visados de inmigrante y los de turismo, negocios y estudios, con excepciones para cónyuges, hijos y padres de ciudadanos estadounidenses. Entre las razones, Washington citó que Cuba se ha negado históricamente a recibir a sus deportados.
El 2 de diciembre de 2025, la oficina de inmigración USCIS paralizó los trámites de las personas de esos países, incluidas las residencias por la Ley de Ajuste. Según un estudio del Cato Institute, desde que Trump volvió al poder las residencias aprobadas a cubanos cayeron casi un 100 % y los arrestos de cubanos por inmigración subieron un 463 %. En abril de 2026, un juez de Maryland ordenó reanudar los trámites de un grupo de demandantes.
2025–2026: el viaje de vuelta
Ahora el éxodo también corre hacia atrás.
En febrero de 2026, Nicaragua volvió a exigir visado a los cubanos. La ruta de los volcanes se cerró.
El 9 de febrero llegó a La Habana el primer vuelo de deportados del año, con 170 personas. Según ICE, la agencia de inmigración, fue la primera vez que el régimen aceptó a cubanos con antecedentes penales graves, a los que antes se negaba a recibir.
Entre enero de 2025 y mayo de 2026, Estados Unidos deportó directamente a Cuba a 1 982 cubanos. A muchos más los mandó a otro país. Human Rights Watch contó 4 353 cubanos deportados a México entre enero de 2025 y marzo de 2026. Muchos llevaban décadas en Estados Unidos y uno de cada cuatro no tenía antecedentes penales. Llegaron sin papeles ni dinero, y algunos viven en la calle.
El Ministerio del Interior informó de 882 personas devueltas a Cuba en los primeros ocho meses de 2026.
Un país que se vacía
Según la propia ONEI, Cuba terminó 2025 con 9 434 593 habitantes: 313 414 menos que un año antes. Solo en 2025 se fueron, en neto, 245 264 personas.
En 2017 la ONEI contaba 11,2 millones. Son 16 de cada 100 habitantes menos en ocho años, y eso con las cuentas oficiales, que la propia ONEI ya tuvo que revisar a la baja. El demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos calcula que la realidad es peor: unos 8 millones de habitantes a finales de 2024.
El país envejece. En 2025 hubo 68 064 nacimientos y 136 214 muertes: el doble de entierros que de partos. Las mujeres tienen 1,29 hijos de media, la cifra más baja desde 1958. En cinco años, el país perdió 1 269 894 personas en edad de trabajar.
Eso se nota en cada barrio: casas vacías o vendidas, consultorios sin médico, padres que crían a sus hijos por videollamada y abuelos que se quedan solos.
Durante décadas, al régimen el éxodo le sirvió de válvula: cuando la presión subía, abría la puerta y se iban los descontentos, que después mandaban dinero a los que se quedaban. Pero un país que pierde a su gente en edad de trabajar se queda sin quien lo sostenga.
Hoy
Las puertas de Estados Unidos están casi cerradas. En los primeros once meses del año fiscal 2026, la patrulla fronteriza registró solo 1 762 encuentros con cubanos. En 2024 habían sido 217 615.
La gente no ha dejado de irse: ha cambiado de destino. Según la ONEI, los cubanos ahora van más a Brasil, México, Guyana y Uruguay, y España es el destino principal fuera de América. Allí llegaron 35 200 cubanos en 2025, según el instituto de estadística español.
Las ganas de irse siguen ahí. En una encuesta de Cubadata a 1 551 cubanos conectados a internet, hecha entre julio y agosto de 2026, el 52,9 % eligió salir del país como la salida más realista para su futuro. Solo el 4,2 % vio posible hablar o participar en público.
Y los vuelos de vuelta continúan. El 24 de septiembre aterrizó en La Habana, cerca del mediodía, otro avión de deportados desde Luisiana. Esta vez, el Ministerio del Interior no dijo cuántas personas traía.
Sesenta y siete años después de 1959, Cuba sigue perdiendo a su gente. La historia continúa aquí debajo, hecho a hecho.


