1958: un país adelantado y desigual
Para entender cuánto cayó Cuba hay que saber desde dónde cayó. En 1953, según el censo, 76 de cada 100 cubanos sabían leer. En 1960 tenía la mortalidad infantil más baja de América Latina, y antes de 1959 la había reducido al menos tan bien como después. Dos economistas calcularon que en 1955 cada cubano ganaba un 27 % de lo que ganaba un estadounidense, más que en Chile o México.
En La Habana, un obrero industrial ganaba unos 130 pesos al mes, y el peso valía un dólar.
Pero eso es solo media verdad. En el campo vivía uno de cada tres cubanos, y allí era otro siglo. Una encuesta de universitarios católicos de 1956 y 1957 encontró que solo 4 de cada 100 trabajadores del campo habían comido carne el día anterior, 43 no sabían leer y solo 7 tenían luz eléctrica. Había, además, una dictadura: la de Batista. Esos problemas eran reales y explican por qué tanta gente creyó en 1959. Lo contamos en la Cuba de 1958.
Lo que vino después cabe en dos datos. Según el economista John Devereux, en sesenta años el ingreso por habitante de Cuba creció solo un 40 %, un 0,6 % al año. En 1950, Cuba, Costa Rica y la República Dominicana tenían una riqueza por habitante parecida; en 2022, Costa Rica producía por persona el doble que Cuba.
1959–1968: todo pasa al Estado
El régimen empezó por la tierra. La primera Ley de Reforma Agraria, del 17 de mayo de 1959, expropió los latifundios, y la mayor parte del campo pasó a manos del Estado, no de los campesinos. En 1960, las leyes 890 y 891 se quedaron con 105 centrales azucareros, las cervecerías, las droguerías, las tiendas por departamentos y los ferrocarriles. La Ley de Reforma Urbana quitó las casas a quien tuviera más de una.
Dos años después llegó la cola. El 12 de marzo de 1962, la Ley 1015 anunció que los alimentos se venderían racionados, por el tiempo que hiciera falta. Nacía la libreta. Se presentó como algo pasajero y como respuesta al embargo. Hoy cumple 64 años.
El último paso fue el 13 de marzo de 1968. Fidel Castro dijo en la escalinata de la Universidad que «no tendrán porvenir en este país ni el comercio ni el trabajo por cuenta propia ni la industria privada ni nada». Con la Ofensiva Revolucionaria se cerraron decenas de miles de pequeños negocios: fondas, puestos de café, guaraperas, zapateros. Desde entonces, casi todo lo que un cubano come, usa o compra depende del Estado.
1970: la zafra que lo torció todo
En 1970 Fidel Castro se jugó el honor de la Revolución en una cifra: diez millones de toneladas de azúcar. Se hicieron 8,54 millones, un récord, pero a costa del resto del país. El propio Fidel lo reconoció el 26 de julio de 1970: la leche, el acero, el cemento y los zapatos habían caído por mandar a todo el mundo a cortar caña. Está contado en la Zafra de los Diez Millones.
El azúcar nunca se recuperó. En 2002 el régimen cerró 71 de los 156 centrales. En 2025 la zafra no llegó a 150 000 toneladas, la peor en más de un siglo. El país que fue el gran azucarero del mundo ya tuvo que comprar azúcar fuera en 2024.
1972–1990: vivir del dinero soviético
Tras el fracaso de la zafra, Cuba se ató todavía más a la Unión Soviética. A finales de los ochenta, 85 de cada 100 dólares que importaba venían del bloque soviético. De allí llegaban el 63 % de los alimentos y el 86 % de las materias primas.
No era comercio normal. Según el economista Carmelo Mesa-Lago, la URSS dio a Cuba entre 1960 y 1990 unos 65 000 millones de dólares, pagando el azúcar caro y vendiendo el petróleo barato. Treinta años de dinero ajeno no dejaron una economía capaz de sostenerse sola.
1990–1994: el Período Especial
Cuando la URSS se deshizo, el golpe fue brutal, y fue real. Entre 1989 y 1993 la economía se encogió un 35 % y la inversión cayó un 70 %. La gente comió un 30 % menos. Hubo apagones de doce horas, bicicletas chinas y picadillo de soya. Entre 1991 y 1994, 50 862 cubanos enfermaron de neuropatía por falta de vitaminas: perdían la vista o la sensibilidad en las piernas.
Estados Unidos, además, endureció el embargo en 1992 con la Ley Torricelli. Las dos cosas pesaron.
Lo que sacó al país del fondo no fue el discurso, sino abrir la mano: en 1993 se legalizaron el dólar y el trabajo por cuenta propia, y en 1994 los mercados donde el campesino podía vender. Lo explicamos en el Período Especial.
2000–2015: el salvavidas venezolano
El 30 de octubre de 2000, Hugo Chávez y Fidel Castro firmaron un acuerdo: Venezuela vendería a Cuba 53 000 barriles de petróleo al día, pagaderos en parte con médicos y técnicos. Llegó un nuevo protector, y el régimen dio marcha atrás: en 2004 volvió a sacar el dólar de la calle y a apretar a los cuentapropistas.
En 2012, Venezuela mandaba 105 000 barriles diarios. Según Mesa-Lago, la relación con Caracas llegó ese año a 16 000 millones de dólares, el 22 % de toda la economía cubana. Solo el regalo escondido en el precio del petróleo valió 4 500 millones en 2012.
Y llegaron los perdones. Rusia perdonó en 2014 el 90 % de la deuda soviética, y el Club de París, 8 500 millones en 2015. Otra vez, el dinero de fuera no se convirtió en una economía propia.
2016–2020: se acaba el petróleo, crecen los hoteles
Con Venezuela hundida, la ayuda se encogió. Para 2017, la relación había caído al 8 % de la economía cubana, y en 2018 llegaban solo 47 000 barriles al día.
¿En qué gastó el régimen lo que tenía? Sus propias estadísticas lo dicen. En 2020, con la pandemia y los hoteles vacíos, 48 de cada 100 pesos invertidos fueron a hoteles y a las inmobiliarias que los construyen. A la electricidad, 9. A la salud, menos de 1. Ese año la economía cayó un 11 %: según el régimen, por la pandemia, la falta de turismo y las sanciones de Estados Unidos. Las tres cosas fueron reales.
2021–2023: la Tarea Ordenamiento
El 1 de enero de 2021 se acabó el CUC. Quedó un solo peso, a 24 por dólar. El encargado, Marino Murillo, prometió que los precios subirían 1,6 veces y que «no habrá terapias de choque». En octubre de 2021 él mismo reconoció una subida del 6 900 % en el mercado informal.
Antes ya habían abierto las tiendas en divisas, donde no vale el peso con que se cobra el sueldo. La gente las llamó «apartheid económico». Desde 2020, también la comida.
El 11 de julio de 2021, San Antonio de los Baños salió a la calle. Una vecina lo contó así a EFE: «hay apagones horribles, de seis horas, esto no para, y es todos los días». La protesta se extendió por toda la isla. La respuesta del régimen fueron juicios: en junio de 2022 la Fiscalía ya contaba 381 condenados.
Hoy el dólar de la calle está a 835 pesos. Hasta la inflación oficial volvió a subir: 28,4 % en el año hasta septiembre de 2026. Toda la historia, en la Tarea Ordenamiento.
2024–2025: se apaga el país
En julio de 2024, el experto Jorge Piñón lo advirtió: «Las plantas cubanas están fuera del ciclo de vida útil, con más de 35 años de explotación». Tres meses después, el 18 de octubre, a las 11:00 am, la termoeléctrica Guiteras salió de servicio y todo el sistema eléctrico se cayó. Fue el primer apagón total de esta crisis. Para septiembre de 2025 ya iban cinco en menos de dos años.
Mientras las centrales se rompían, el dinero seguía yendo a los hoteles. En 2024, 37 de cada 100 pesos invertidos fueron a hoteles e inmobiliarias; 13 a la electricidad, 3 a la agricultura, 2 a la salud. Solo en 2025, con el país ya a oscuras, la electricidad pasó a ser la primera partida: 37 de cada 100 pesos. Llegó tarde. En el primer semestre de 2026, hoteles e inmobiliarias volvieron a llevarse 26. Lo contamos en hoteles antes que luz.
2026: sin petróleo
El 3 de enero de 2026, fuerzas de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro en Caracas, y Trump avisó de que no habría más petróleo ni dinero de Venezuela para Cuba. El 29 de enero firmó una orden para castigar con aranceles a los países que le vendan petróleo. Es un golpe de fuera, y hay que decirlo. Pero cayó sobre un sistema que ya se había caído solo en 2024.
El 16 de marzo llegó el primer apagón total del año. El 31 de marzo atracó en Matanzas un petrolero ruso con 740 000 barriles. No alcanzó: el 13 de mayo, el ministro de Energía dijo en la televisión que no quedaba «absolutamente nada de fuel» ni «absolutamente nada de diésel». En La Habana sonaron cacerolas.
Sin combustible se paró el transporte. Desde el 18 de junio, los trenes de La Habana al oriente pasaron a salir cada 16 días, y las guaguas a las provincias, entre una y tres veces por semana. Ya en 2024 La Habana tenía 252 guaguas funcionando; en los años ochenta llegó a tener 2 500.
El 18 de septiembre, el sistema eléctrico se cayó por séptima u octava vez en el año, según quién lleve la cuenta. La economía, mientras, se hunde: la CEPAL calcula que cayó un 3,8 % en 2025 y prevé otro 10,3 % en 2026, la peor previsión de la región. El economista Pedro Monreal cree que 2025 fue mucho peor: entre un 9,1 y un 12,5 %.
2026: la mesa, la farmacia, el grifo y el techo
La comida. Cuba importa entre el 70 y el 80 % de lo que come, según el Programa Mundial de Alimentos. La producción de carne de cerdo pasó de 134 700 toneladas en 2019 a 7 200 en 2024, según la ONEI. Una parte de lo que se importa la vende Estados Unidos, a pesar del embargo: desde 2000 la ley permite venderle comida, pagada por adelantado. En 2025, Cuba le compró 809,6 millones de dólares, sobre todo pollo. De enero a agosto de 2026 ya van 876,5 millones, combustible para los negocios privados incluido. Washington admite que parte de ese combustible acaba en manos del régimen. Lo explicamos en embargo, no bloqueo.
La libreta llega a pedazos. Este verano, en Las Tunas, todavía se repartía el arroz de junio, y parte del que se reparte es donado.
Las medicinas. El propio Cubadebate lo publicó el 16 de octubre: de los 395 medicamentos del cuadro básico que produce Cuba, 300 están en falta. Lo que hay se busca en la calle, a precios que se ven en nuestra página de medicinas: una amoxicilina, unos 750 pesos. En 2025 murieron 9,7 bebés por cada 1 000 nacidos, más del doble que en 2018. En 2022 había 12 065 médicos menos que el año anterior. Más en salud y educación.
El agua. Sin luz no hay bombeo. A finales de octubre, el Instituto de Recursos Hidráulicos reconoció más de 2,7 millones de personas con el agua afectada, casi igual que en mayo. En La Habana, una pipa puede costar hasta 15 000 pesos.
Las casas. El Ministerio de la Construcción reconoció en 2025 un déficit de 805 583 viviendas, y que el plan de construir casas iba al 22 %. En julio de 2026, una docena de vecinos de Campanario y Neptuno, en Centro Habana, dormían en la calle porque su edificio se estaba cayendo.
Hoy
Este 25 de octubre de 2026, la Unión Eléctrica cuenta con 1 120 megavatios para una demanda de 2 850: menos de la mitad. En el último mes, los cubanos han pasado una media de 11 horas al día sin luz.
El dólar está a 835 pesos; hace un año, a 490. El salario medio del Estado fue de 7 354 pesos en agosto: menos de 9 dólares al cambio de hoy. Con él se compran dos cartones de huevos, a 3 600 pesos cada uno. Un litro de aceite cuesta 2 852.
Los turistas por los que se construyeron tantos hoteles no vienen: entre enero y agosto llegaron 450 353 visitantes, un 64 % menos que un año antes. Y la gente se va. Al cierre de 2025 vivían en Cuba 9 434 593 personas, 313 414 menos que un año antes.
El régimen culpa al embargo. El embargo existe y hace daño, y el corte del petróleo de 2026 es un golpe real. Pero el embargo tiene más de sesenta años, y en ese tiempo Cuba recibió unos 65 000 millones de dólares en ayuda soviética y, solo en 2012, 4 500 millones regalados en el precio del petróleo venezolano. Lo que la hundió fue lo que el régimen hizo con ese dinero: poner el campo en manos del Estado, cerrarle el negocio al cubano, apostarlo todo al azúcar, vivir de un protector tras otro y, cuando las centrales se caían, construir hoteles.
La historia sigue aquí abajo, hecho a hecho.


